Hay un pudridero de palabras a la salida del colegio.
Al otro lado del parque crecen palabras venenosas como hongos, dispuestas para tertulianos de la pública.
Otras palabras germinan en los celulares, crecen y se reproducen en los grupos de guasap donde obtienen su alimento.
Una lagartija se esconde por la escombrera, a las afueras del pueblo.