Jugaba con tus manos
cuando
pequeño junto a la cocina,
en las tardes de invierno.
Manos calladas
amortajando
a la madre,
manos vestidas de luto
a los quince años.
Manos solas en el
mundo
cansadas de trabajar el esparto,
duras manos con el
callo
de pasar la aguja, cada día
buscando el sol.
Tus manos grandes sobre el
regazo,
manos dormidas sin habla,
de la guerra vivida,
del
hambre y del frío.
Manos que nunca bendijeron
y
respondían pobres a mis caricias
pausadas, tímidas,
con
la vergüenza del niño.
Tus manos, solo viven en mi
recuerdo.
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